Esta minoría dijo: ¡Olé!*

Este artículo fue escrito debido a las protestas desatadas en Colombia para cancelar las corridas de toros. Como es natural, los animalistas y la izquierda cultural han tomado esta bandera con la intensión de prohibir tal manifestación cultural. El contenido expuesto a continuación es altamente nocivo para la salud de la izquierda.

Por El Hispano.

¿Cómo olvidar que somos descendientes de la península ibérica? Quitarnos nuestra historia de las venas… ¡jamás! Si nos remitimos a la historia del toreo, tal como es ella, veremos que desde sus inicios fue una reacción de defensa en la Hispania de la baja Edad Media al distraer, en las planicies castellanas, los toros salvajes que embestían con brutalidad las caravanas de los deambulantes de la zona. Al pasar de los años, lo que antes era necesidad, se metamorfoseo en una diversión aventurera – muy característica de la personalidad española- mostrando ante las gentes la supremacía del hombre como tal, ósea, un ser racional que enfrenta con sagacidad e inteligencia la masa descomunal y aplastante de un animal que, en la arena, personifica un duelo entre la razón y la sensibilidad, entre la pericia y la irracionalidad.

Ante el revuelo que ha causado la fiesta brava, ha sido notorio el deslizarse de una “maquinaria mediática” que, en sus incontables marañas, muestra con desdén a estos aficionados. Resaltan los movimientos animalistas, y discriminan avasalladoramente a una minoría incomprendida, como son en estos momentos, los amantes del toreo. ¿No será que en esta corrida de baraja de los que pregonan “No torturen a los toros” le están regalando la flor corrida a los que tanto atacan? En diferentes escenarios se han presenciado los desmanes de los pacificadores, que virulentamente han revelado cuánto “amor” sale de sus corazones; con las tantas caricias empuñadas que no contienen el límite de sus fuerzas; con cuanto afecto estallan sus artefactos subversivos y, finalmente, queda escuchar su exquisita retórica  delicadamente obscena, empleada con la mansedumbre del caso por los insignes “ pacíficos” militante de izquierda. Siempre carente de todo fundamento y de toda racionalidad propia de la raza humana: ha sido su característico proceder y ante las cámaras, han olvidado la base del manejo de la opinión que dice: “las palabras pasan, las imágenes quedan.”

 

En estas últimas décadas: ¿que hemos visto? Es claro detectar las maniobras del igualitarismos predicado desde todos los flancos para exacerbar la revolución cultural padecida en una sociedad agonizante en sus propias ideas revolucionaria, ya gastadas por sus inmensas frustraciones experimentadas en los últimos años. Sin trascender a un fundamento elemental para la supervivencia natural, que sería el tan olvidado “sentido común”, incompatible con las fantasías locas de los héroes energúmenos de las universidades públicas, como lo son Marx que con su cuadrilla de ideólogos pandilleros que, hoy por hoy, son los ídolos marmolizados de la selecta ignorancia de los “eruditos modernos”. El equilibrio de fuerzas es desigual y el linchamiento mediático es secuenciadamente programado para dar como principio el sentido por el sentido, olvidando que el hombre es ante todo un ser inteligente, y en el otro lado de la trinchera, se tiene legisladores ambicionando incluir a la opinión pública en un torbellino de sentimentalismos infundamentados, al promover una misericordia despiadada por los toros de lidia. Queriendo de cualquier forma, por medio de leyes acomodadas, desconocer por primera instancia la libertad de expresión, tan insuflada por la izquierda para sus fines, y en segunda instancia, negar la naturaleza de éste animal y para lo que fue criado a través del tiempo. No es redundante recordar que los toros, como cualquier animal, tienen impresa la ley natural inquebrantablemente en su condición irracional. Lo más lamentable es que algunos congresistas y senadores, que ostentan el título de “raza humana”, se han hecho desmerecedores de tales dádivas.

 

Adjetivos como: “subyugadores”, “fomentadores de violencia”, son el apelativos característico dado para menospreciar al público en éste artículo defendido. En una constitución que impele a la libertad llenándose en sus páginas con ésta palabra en innúmeras veces, entra una contradicción que es imperdonable: libertad o tiranía liberal. ¿Para quiénes hay libertad? ¿O sólo ha servido como muletilla dialéctica para alcahuetear las desviaciones convenientes de la sociedad, que en aras de la libertad, dan pass boarding a las liviandades de las gentes?. ¡Cómo no aprovechar para apelar a la propia argumentación del marxismo jurídico!, y revestir estas líneas escritas con el viejo adagio que reza: “Con las piedras que me lanza mi enemigo, construyo las paredes de mi casa”. ¿Se acuerdan de la defensa de las minorías? ¿O para éste caso no vale? Es hora que sean coherentes Señores de Izquierda… protejan también a ésta minoría.

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